Frases que tienen su aquel ...

“El nacionalismo es completamente anti-histórico.

Es una regresión a la forma más primitiva, cavernaria”,

Mario Vargas Llosa (XL Semanal nº 1.479, 28-02-2016)

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lunes, 27 de abril de 2020

“Después del funeral”, by Antonio Elorza (El Correo 07-04-2020)

Ahora que parece que las cosas van mejor, según “Snchz” (pero como es tan mentiroso el tipo, creerle es hora y será siempre, un comportamiento rayano con el juego de la “ruleta rusa”), es de indudable interés releer el interesante artículo de Antonio Elorza, publícale 7 de abril, en la sección de “opinión”, se titula “DESPUÉS DEL FUNERAL”, tiene como subtitular “¿Aceptará el presidente la coparticipación de PP y Cs?”, y dice así:

Una tormenta inesperada de muertes. El único antídoto, cuando se ha llegado tarde es el aislamiento total de la población, cuya consecuencia es la paralización del sistema productivo, antesala de una crisis económica sin precedentes. Debates de urgencia en los gobiernos más afectados sobre cómo, en lo posible, mantener la muralla aislante sin comprometer el futuro económico. Ante la amenaza de inevitables estallidos de malestar por la destrucción causada por la pandemia, esfuerzos del Gobierno por mantener el principio de autoridad, imprescindible para que sean respetados el confinamiento y las medidas complementarias, pero también para reforzar su capacidad de control político sobre una sociedad angustiada. Lo primero resulta indiscutible; lo segundo puede tener costes, tanto a medio plazo –la reconstrucción– como al pilotar la trabajosa salida de la pandemia.
La posición del observador tampoco es fácil, ya que en todo momento es preciso respaldar la intención gubernamental de asentar el confinamiento, de modo que las críticas pueden fácilmente ser vistas como una incivil labor de filibusterismo de motivación política. En seguimiento de Pedro Sánchez, uno tras otro los ministros repiten que el Gobierno hizo lo que tenía que hacer, y que ya habrá tiempo de discutir cuando todo acabe. ¿Para qué tocar al 8M? Medios oficiales y oficiosos insisten de paso en la actuación de una marea de bulos, con lo cual la crítica resulta distorsionada. Sin embargo, estamos en democracia, y las cosas han salido mal, en gran parte porque no se hicieron del todo bien, y como los gestores del fracaso siguen ahí, resulta obligatorio subrayarlo, algo que es perfectamente compatible con el respaldo a las medidas gubernamentales en vigor.
Un ejemplo inmediato. No podemos atender la recomendación de la OMS sobre obligatoriedad de las mascarillas... porque nos faltan mascarillas. Y como antes sucedió con los tests –después del ejemplo coreano– y con los respiradores, no tenemos porque hasta el 8-M falló la previsión. Conviene insistir en que España no llegó tarde al confinamiento, pero sí a las adquisiciones preventivas de material sanitario, y a la atención, tal vez por razones de oportunidad política, a las recomendaciones de la OMS sobre el peligro del virus y la inconveniencia de las reuniones de masas. Y la solución no consiste en borrar las intervenciones de Fernando Simón en TVE, incluida la mesa redonda con su participación del 4 de marzo.
El secretismo es inútil y nocivo a medio plazo. Ahí está la increíble respuesta de la ‘número dos’ de Simón, el 29 de marzo, a la pregunta sobre la compra en China, no a China, de gran cantidad de test inservibles: «Compramos a fabricantes y empresas, y estas pueden ser chinas, españolas o de otros países» (cita reducida). Ollendorf puro y duro, como algunas respuestas de Sánchez en la rueda de prensa filtrada del sábado (por ejemplo, sobre los tests o sobre la UE). A favor de la venturosa inflexión de la curva, informaciones televisivas, oficiales y oficiosas, subrayan solo los aspectos positivos y lo demás se deja a los números. Quedan atrás, sin huellas, los peores momentos, en lugares como Ifema.
La sombra de esta política de información recae asimismo sobre la otra cara de la moneda, la reconstrucción económica. Es excelente la idea de Pedro Sánchez, de recuperar el clima de consenso en los Pactos de la Moncloa durante la Transición, pero conviene recordar que la iniciativa del Gobierno Suárez aceptó la intervención decisiva, y bien costosa para ellos, del PCE y de Comisiones Obreras, que no se limitaron a dar el visto bueno, y la lección concierne a Sánchez.
¿Aceptará el presidente la coparticipación efectiva de PP y Cs? ¿Jugará Podemos al consenso transversal en nombre de los intereses generales, como hizo Carrillo, o mantendrá una vocación de protagonismo ya apuntada en la suspensión de los despidos? En el primer aspecto, los antecedentes no son demasiado buenos: hasta ahora Sánchez no ha propiciado un necesario clima con Casado, y el socio Iglesias calla, convencido de imponerse a partir de un hecho fundamental: la factura del coronavirus la están pagando en primer plano trabajadores, profesionales y autónomos, tanto en el orden sanitario como en el económico. Solo que la consideración complementaria también está fuera de dudas. Sin una recuperación del tejido empresarial es suicida pensar solo a corto plazo en la protección social. A no ser que transformemos el «escudo social» en socialización, con las consecuencias ya conocidas, y que no obstante tiene pleno sentido en sectores como la Sanidad, pero no como pauta de funcionamiento del sistema económico en su conjunto.
En fin, todo no depende de nosotros. ¿Es acertada en la forma nuestra presión en la UE, basada en el «no» de Sánchez en la última reunión? Resulta claro que Macron, Conte y Sánchez persiguen lo mismo. ¿Por qué el eje es Macron-Conte? La presidenta de la Comisión responde puntualmente a Italia, como si la crisis no nos afectara. Menos mal que en este campo contamos con la competencia de Nadia Calviño. ¿Será suficiente?”.

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